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Disciplina escolar en el Perú: ¿Restablecimiento del orden o retroceso pedagógico?

Núm. 3 – 2026

Prof. Yocseli Esmeiber Chuquicahua Vásquez

Yocse_7@hotmail.com

Cel. +51984531875

Resumen

La reciente controversia en torno a los nuevos lineamientos de disciplina escolar propuestos por el Ministerio de Educación vuelve a colocar en la mesa un debate histórico en el Perú. Por un lado, se alzan las voces que advierten sobre un posible retorno a la educación autoritaria del pasado; por el otro, se manifiesta la preocupación genuina de miles de maestros que enfrentan, día a día, las consecuencias de una flexibilidad escolar que se ha desbordado.

Para analizar con objetividad esta medida desde la pedagogía, es necesario desligarnos de los extremos. El Currículo Nacional por competencias y el enfoque socioformativo no están equivocados; su concepción es pedagógicamente valiosa. Atrás quedó y con justa razón la época en la que el docente era el único dueño de la verdad y el castigo físico se justificaba bajo el lema de que «la letra con sangre entra». La ciencia, la psicología y la experiencia pedagógica nos han demostrado que la violencia y el maltrato no educan ni forman mejores personas.

Sin embargo, en el intento de corregir los excesos del pasado, la educación peruana parece haber caído en el extremo opuesto: una permisividad donde al estudiante parece que ya no se le puede exigir, corregir ni confrontar con las consecuencias de sus actos.

El aspecto socioemocional y la necesidad del límite

Es innegable que los estudiantes de hoy están fuertemente atravesados por su entorno socioemocional. Crecen en contextos complejos donde la contención afectiva, la empatía y la salud mental son fundamentales para el aprendizaje. La psicología del desarrollo confirma que las emociones juegan un rol determinante en la formación de la personalidad.

Pero comprender el aspecto emocional del estudiante no significa exonerarlo de responsabilidad. Los adolescentes no solo necesitan afecto y escucha; también necesitan contención, estructura y límites claros. La autorregulación emocional no se logra en la impunidad o en el dejar hacer, sino en la comprensión de que cada acción conlleva una respuesta de la comunidad escolar.

Si durante años hemos apostado por apelar únicamente a la reflexividad espontánea del estudiante ante la falta, y los resultados en la convivencia y el clima escolar no han cambiado, es momento de hacer una pausa y reflexionar desde la práctica real.

La norma no anula el currículo; lo viabiliza

Nuestra idiosincrasia y el contexto sociocultural en el que se desarrollan nuestras escuelas nos muestran que la autonomía no es un estado natural con el que el alumno llega al colegio, sino una capacidad que se construye. En nuestra realidad, la reflexión rara vez nace en el vacío; necesita de la norma y de la sanción formativa para desencadenarse.

Cuando el diálogo se agota y el estudiante no toma conciencia del impacto de sus decisiones, la norma firme actúa como ese choque de realidad indispensable. Exigir el cumplimiento de un reglamento, sancionar con proporcionalidad y establecer límites rígidos no significa desmantelar el currículo por competencias; al contrario, es el marco que permite que las competencias de convivencia y ciudadanía se ejerzan de verdad.

Los nuevos lineamientos no deben ser vistos como una regresión hacia la escuela tradicional, sino como un intento de restablecer el equilibrio perdido. Ni la violencia de antaño que vulneraba derechos, ni la permisividad moderna que desarma la autoridad docente y deja al estudiante sin referencias de conducta.

Conclusión:

Un voto de confianza a la firmeza pedagógica. El tiempo y la gestión en las aulas dirán qué tan efectivos resultan estos reglamentos en la práctica. Lo que no podemos seguir haciendo es ignorar la realidad de nuestras escuelas en nombre de ideales teóricos que no encajan con la cultura de nuestros estudiantes.

Educar con firmeza no es maltratar; es preparar para la vida. Corregir a tiempo, exigir respeto a las normas de convivencia y asumir las consecuencias de las faltas son actos de profundo compromiso pedagógico y afectivo con la formación de los ciudadanos que el Perú necesita.

Referencias Bibliográficas

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Shonkoff, J. P., & Phillips, D. A. (Eds.). (2000). From Neurons to Neighborhoods: The Science of Early Childhood Development. National Academies Press

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