Núm. 2 – 2026
Prof. Yocseli Esmeiber Chuquicahua Vásquez
Yocse_7@hotmail.com
Cel. +51984531875

Resumen:
El presente artículo de opinión analiza la profunda transformación de la disciplina escolar, transitando desde el castigo físico y el autoritarismo de la escuela tradicional hasta la actual pérdida de autoridad. Desde la perspectiva de la educación física y la corporeidad, se examina cómo las políticas estatales y la burocracia han asfixiado el rol formativo del docente, impidiendo poner límites claros. Se argumenta que, así como en el deporte rigen normas, la escuela debe rescatar el principio de autoridad y responsabilidad sin retornar al miedo, entendiendo que educar implica asumir consecuencias.
1. El péndulo de la educación: Del miedo a la deriva
Quien escribe estas líneas tiene la fortuna de haber atravesado este proceso desde la experiencia, vivenciándolo en carne propia tanto en la escuela tradicional como en la actual. Hablar de la disciplina de antaño es evocar una época donde corregir significaba recurrir al grito, al castigo físico, a los ejercicios forzados, a los jalones de patillas u orejas, y al doloroso recuerdo de los palazos o reglazos. Era la disciplina en su máxima y más temida expresión.
Con los años, la llegada de la «escuela nueva» prometió un cambio luminoso: transitar hacia una formación basada en la reflexión, el diálogo y el análisis. Sin embargo, ¿qué pasa cuando los procesos se desvirtúan y el péndulo da un giro tan repentino que nos deja descolocados? En el loable intento de aplicar un cambio metodológico para salvaguardar los derechos de los estudiantes, pareciera que el control se nos escapó de las manos. El problema radica en que confundimos el verdadero enfoque. En nuestro afán por erradicar el autoritarismo, caímos en una desautorización total.
2. No es culpa del docente: La trampa de la burocracia estatal
Lejos de ser un problema originado en la apatía del maestro, esta pérdida de autoridad tiene un motor institucional: la propia burocracia y las normativas del estado. Hoy en día, las directrices ministeriales y las políticas públicas parecen encadenar al profesor, obligándolo muchas veces a la inacción bajo la amenaza constante de procesos administrativos si intenta poner un límite firme.
Los docentes sí queremos corregir, orientar y poner orden —como lo demostramos a diario en nuestras áreas—, pero el sistema ha burocratizado tanto la convivencia que ha despojado al maestro de su respaldo legal y social. Pretender que un estudiante crezca en una burbuja donde sus actos no tienen consecuencias reales, no es protegerlo; es dejarlo indefenso ante el mundo exterior, mientras al docente se le exige resultados formativos con las manos amarradas.
3 ¿Qué estamos haciendo desde la educación física? La cancha como espacio de resistencia y formación
Frente a este panorama normativo que a veces nos empuja a la inercia, la pregunta clave es: ¿qué estamos haciendo los maestros, especialmente desde el área de educación física?
Lejos de resignarnos, los profesores de esta área entendemos que educar en la corporeidad busca el desarrollo pleno del ser humano, abarcando múltiples dimensiones. La clase no es solo un espacio para «correr por correr» o para el deporte vacío; se convierte en un escenario mágico para conocer las emociones y gestionarlas de una manera adecuada.
En la cancha aplicamos lo que el sistema a veces omite: el juego limpio (fair play). Allí enseñamos que no hay buen partido sin normas ni árbitros que marquen límites. Si un estudiante infringe una regla en el juego, hay una consecuencia inmediata; si vulnera el espacio del compañero, el juego se detiene. Desde nuestra trinchera, demostramos que poner límites con firmeza y respeto no es ser autoritario, sino enseñarles a vivir en comunidad.
4. Hacia el colegio del respeto: Una deuda pendiente
La pregunta sigue abierta: ¿fuimos capaces de encontrar el equilibrio, o simplemente cambiamos un extremo dañino por otro que nos deja sin brújula?
Como bien señala Julián Rodríguez (2026):
El Ejecutivo, a través del Ministerio de Educación, y el Congreso tienen una discusión pendiente. No para devolvernos al colegio del reglazo ni al profesor que educaba mediante el miedo. Eso ya pasó y está bien que haya pasado. Lo que necesitamos son políticas públicas que devuelvan autoridad a quienes tienen la obligación de educar; que recuperen la formación en valores, civismo, deberes, respeto y responsabilidad; y que entiendan que proteger a un estudiante no puede significar dejar desprotegidos a todos los demás.
No necesitamos volver al colegio del miedo. Necesitamos recuperar el colegio del respeto. Disciplina no es violencia. Autoridad no es autoritarismo. Y educar también significa enseñar que nuestros actos tienen consecuencias. Porque cuando la burocracia asfixia al maestro y algunos padres justifican todo, la escuela pierde autoridad y el estado llega tarde; y puede ocurrir que un día ya no sea el profesor quien esté allí para corregir al muchacho, sino la Policía, el fiscal y el juez.
Referencias Bibliográficas
Parlebas, P. (2001). Juegos, deporte y sociedades: Léxico de praxiología motriz. Paidotribo.
Rodríguez, J. [Abogado]. (2026, septiembre). ¿En qué momento se jodió la educación en el Perú? Publicación en la página de análisis político y social Punto Ciego.